Sátira: Tag en matrículas: el Congreso de Intendentes y la chapa que quiere leerlo todo
Mora del Termo imagina un barrio donde la chapa ya mira de reojo. La novedad está en análisis, y mientras tanto la ansiedad nacional ya practica control visual.
Sátira: esta columna mezcla una noticia citada con escenas y exageraciones inventadas para hacer humor. Las situaciones ficticias no son hechos ni declaraciones reales. Cómo trabajamos.
La chapa entró al grupo del edificio
En este barrio imaginario, un vecino le limpia la matrícula al auto con más dedicación que al calefón, porque siente que la chapa está por ascender a portera electrónica. Nadie sabe todavía si habrá cambio masivo, pero ya apareció el perfil uruguayo clásico: el que acomoda el mate, endereza la patente con cariño y mira al inspector como si fuera un radar con campera. La escena es ficticia, claro, pero nace de algo muy de acá: cuando una idea pública apenas se analiza, medio país ya discute si conviene, si molesta y si va a terminar pidiendo más atención que el perro de la cuadra.
Teledoce informó que el Congreso estudia un tag en matrículas. Sucive dijo a Telemundo que usarían sistema de peajes.
La lectura de Mora con vidrio y ventosa
Lo más gracioso no es la tecnología sino nuestra conducta ceremonial ante cualquier novedad vehicular. El auto uruguayo siempre junta dos cosas: polvo honesto y teorías exuberantes. Entonces alcanza con oír tag, chip o lector para que nazca una asamblea espontánea en la vereda, con especialistas en nada pero firmes de opinión. Uno pregunta si el aparato verá de frente o de atrás; otro ya imagina a la matrícula sintiéndose influencer, captada por radares y celulares con una autoestima tremenda. Y sin embargo el detalle concreto pincha el globo épico: la discusión arranca en la chapa, ese rectángulo sufrido que pasa media vida entre lluvia, garaje y el dedo del surtidorista señalando que está medio torcida.
Lo que falta entre el aviso y el apronte
Hasta ahí llegan los hechos disponibles. Se analiza el registro electrónico, se maneja un sistema parecido al de peajes y se menciona un horizonte de implementación posible, no asegurado. También se considera un recambio general de matrículas, pero esa resolución no está tomada. O sea: la novela ya tiene utilería, pero todavía no tiene último capítulo. Mientras tanto, en la ficción del barrio, la chapa respira hondo, posa derechita y espera no convertirse en el nuevo integrante del hogar que todos recuerdan recién cuando falla.